Hija:
Mientras dormías, irrumpí en tu alcoba; contemplé tu rostro tan lleno de paz y ternura, descansabas con intensa calma. Incluso con mayor profundidad admiraba la gracia que el Señor dibujó en ti. No pude resistir acariciar tus manitas, al tiempo que decía " te quiero "... la dificultad por definir lo que significas en mi vida, excede a lo ordinario; quizá porque al hacerlo, limitaría la amplia concepción del amor que has despertado en mí. Te acabas de mover y me pareció ver que sonreías. Siento un sincero agradecimiento y también enorme responsabilidad, al saber lo mucho que dependes de mamá y de mí, pues eres un ser pequeño, indefenso e inocente.
Ahora, estoy meciendo tu cuna y observo los juguetitos que tanto te divierten. Es increíble; nunca imaginé que algún día viviría tal experiencia: " no quisiera que transcurra el tiempo, para tenerte siempre como mi niña hermosa, mi bebita ". Le pido al Señor, que me permita verte crecer. Que en todo momento nos tengamos uno al otro, junto a Mamá y al bebé. Pero aunque los años sigan su curso, tú serás en cada instante; " nuestra pequeña ". Que Dios Padre te bendiga hija; duerme... mañana te espera un día maravilloso, en el que volverás a jugar y a ser feliz con Papá y Mamá...
Con gratitud:
Tu Papá.
* Carta que le escribí a mi hija cuando tenía un año de edad; en ese entonces, me encontraba en Denver Colorado y mi hija residía en Iguala Gro. ( ahora tiene 5 años y 8 meses )
* Autor: Andrés Ortiz Pantaleón
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