
Estoy debajo de la mesa desde hace ya muchos minutos;
todavía me seco las lágrimas y sigo encogidito.
Mi mamita me ha pegado otra vez igual que ayer;
y le decía hace un rato lo de siempre... lo que sé.
No me pegues mamacita ¿porqué no logras comprender?
Soy un niño y como sabes, no me puedo defender.
Tengo derecho a que mi personita respetes
y me des un buen ejemplo ¿o es que no lo adviertes?
¡Ya cállate! -me reprendías- y sentía más dolor;
yo quería que el cinto soltaras y no me miraras con rencor.
Ya no grites pues me asustas... y me duele el corazón;
por tus golpes mi piel arde, necesito de atención.
Ha pasado un gran momento y no puedo ni hablar;
la garganta se me cierra y no se cómo decir,
necesito de unos brazos y de muestras de amor,
un hogar donde no griten o me peguen como hoy.
"Ya no me pegues mamita" sé que estás afligida;
y que papá a veces por cansado, no te entrega una flor.
Soy tu hijo... el bebé que fue tu ilusión,
y un día al ser grande, no te guardaré rencor.
Mira mis brazos; tu peor golpe se me olvidó;
¡anda! ven a levantarme, abrázame por favor.
Cuéntame un cuento y apaga el televisor;
"buenas noches" me dirás al darme un beso o tal vez dos...
Pero ya no me pegues mamita...
Otra vez, ya no...
* Autor: Andrés Ortiz Pantaleón
* Publicado en el periódico Redes del Sur

